Tu navegador (Internet Explorer 7 o anterior) está obsoleto. Tiene fallas de seguridad y no puede mostrar todas las características de este y otros sitios web. Aprende a actualizar su navegador.

X

Navegar / buscar

Seguridad y salud con premio

En las empresas se vive intensamente el día a día y no siempre queda tiempo para todo aquello que no es urgente o que no forma parte de la parte esencial de negocio: compras, producción o ventas.

El ámbito de la prevención de riesgos laborales planea sobre todas las áreas funcionales de la empresa,

pero por lo general no se trata de una cuestión estratégica ­–lo que representa un error notable-. En cambio, hay empresas y organizaciones que apuestan por la seguridad y salud de sus trabajadores, por conseguir entornos de trabajo seguros y saludables.

Las ventajas de hacerlo son múltiples y conocidas. Desde las puramente reactivas –nos evitamos problemas- hasta las que se basan en aprovechar las oportunidades económicas, sociales y estratégicas de una adecuada gestión de la prevención de riesgos laborales.

En esta última línea, quienes han avanzado en el bienestar laboral pueden llegar a ser premiados por ello.  Hay convocatorias abiertas a las que podemos presentar nuestra candidatura y optar así a ser reconocidos. No se trata de lograr un incentivo económico directo, pues en la mayoría de los casos no existe recompensa en dinero, sino de poder unir ante clientes, proveedores y la sociedad en su conjunto, nuestro nombre al del compromiso con la seguridad y salud en el trabajo.

Ahora están abiertas las convocatorias de los Premios Prevencionar así como los Galardones Europeos a las Buenas Prácticas. Si tu empresa merece un premio, no dejes de participar. Si no tienes experiencia pero quieres contar con una buena candidatura, podemos ayudarte.

¿Integrar la prevención es asumir la actividad preventiva?

A estas alturas, resulta demagógico pretender que la integración de la prevención en la empresa se ha de identificar con la necesaria asunción de la actividad preventiva por parte del empresario o trabajadores designados.

El Congreso, en c

oncreto su Comisión de Empleo y Seguridad Social, llevó hace menos de un mes un debate sobre esta cuestión a cuenta de una proposición no de ley presentada por el PSOE. Esta iniciativa insta al Gobierno a modificar la legislación para potenciar los medios propios frente a los servicios de prevención ajenos. Las intervenciones a este respecto, a mi modo de ver, cayeron en el maniqueísmo. Las posiciones de nuestros representantes fueron desde una escorada atribución de todos los males a una equivocada e interesada acción de gobierno contra los trabajadores al negacionismo de otros ─todo está bien─ e incluso a identificar el problema en la inapropiada localización geográfica de la toma de decisiones. Es justo decir que también hubo intervenciones más ponderadas y que, en prácticamente todos los casos, se apelaba a la necesidad de dotar de mayor protección a la seguridad y salud de los trabajadores.

Las buenas intenciones, por el contrario, no evitan accidentes ni enfermedades profesionales. En esencia, el marco normativo sobre prevención de riesgos laborales no ha cambiado desde 2004 en lo tocante a obligaciones empresariales y la forma de cumplirlas. Pero mientras que hasta hace un par de años la siniestralidad (índices de incidencia) descendía, ahora aumenta. Sí ha habido no obstante importantes variaciones (a la baja) en la inversión pública en esta materia, sobre todo en las comunidades autónomas y también ha variado la propiedad de una buena parte de los servicios de prevención a consecuencia de la ley de mutuas. También el empleo se ha reactivado, con nuevos trabajadores en nuevos puestos, al tiempo que el sector de la construcción ha comenzado a salir de su obligado letargo.

Desde mi punto de vista, está más que probada la compatibilidad de recurrir a servicios de prevención ajenos con una adecuada integración en la empresa de la seguridad y salud. Al menos, tengo por seguro que la ecuación que combina conocimiento externo y compromiso interno es más eficiente que la que se queda con buena voluntad pero sin conocimiento suficiente ni tiempo material. Eso sí, sigue siendo imprescindible alimentar la llama de la cultura preventiva, que en los últimos tiempos se está quedando sin combustible, y a ese respecto, la mejor receta es poner dinero encima de la mesa, creerse aquello de que invertir en prevención es rentable. Ya funcionó.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) también son cosa tuya

El día a día nos hace centrarnos en lo urgente y muchas veces perdemos de vista cuestiones verdaderamente importantes pero que se antojan lejanas o, al menos, demorables ─Primum vivere deinde philosophari─ . Por eso conviene, siquiera sea de vez en cuando, alejarse del suelo y ascender hasta vernos desde arriba, rodeados por nuestro entorno, como piezas del engranaje del que en realidad formamos parte .

Cuando en septiemb

re de 2015 la Cumbre para el Desarrollo Sostenible aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, los medios de comunicación se hicieron eco del hito y por unos días resonó en la sociedad una voz de optimismo y solidaridad. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) habían de poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia y hacer frente al cambio climático. Se trata de un reto importante, global y a largo plazo, nos conmueve y estamos de acuerdo, pero lo percibimos como fuera de nuestro alcance y de nuestro campo de actuación. Nos alegraremos de que se alcancen los ODS y pediremos a nuestros gobernantes que se impliquen en ello.

Efectivamente, nosotros no podemos cambiar el mundo, pero siendo realistas, tampoco lo puede cambiar una gran empresa o un solo Estado. Los ODS son ambiciosos y requieren también nuestra colaboración.

Por fortuna, los principios que son válidos para el desarrollo sostenible a escala mundial también lo son para que nuestro negocio tenga un futuro más esperanzador. Aprovecha la hoja de ruta del planeta para definir la tuya. Si crees que no es urgente preocuparte por la igualdad en tu empresa, o medir y dar a conocer el impacto de tu actividad en el medio ambiente o en la sociedad, hoy estás un paso más alejado de lo que los demás esperan de ti. En cambio, si decides formar parte de la solución y no del problema, estás a tiempo de hacerlo,  de mejorar tu posición social y estratégica.

El proceso no es complejo, aunque sí requiere un poco de dedicación. Para ponerlo más sencillo, es muy útil la guía que han desarrollado el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), UN Global Compact y el Global Reporting Initiative (GRI).

Comunicar bien para prevenir riesgos

La comunicación en la empresa es una herramienta esencial, tanto cuando se trata de dialogar de puertas afuera (proveedores, clientes, sociedad), como cuando se trata de vertebrar las relaciones internas de las personas que forman parte del equipo.

En prevención de riesgos laborales, quizás por la inevitable inercia de la normativa, está asumi

do que debemos establecer una comunicación con los trabajadores basada en la información proporcionada por la empresa sobre los riesgos generales de la empresa y particulares del puesto de trabajo. Además, la también contemplada participación de los trabajadores abre otro espacio comunicativo en el que informar y debatir cuestiones relativas a la seguridad y salud en el trabajo.

Naturalmente, las distintas normas no hacen otra cosa que establecer mínimos, definir unas obligadas actuaciones, pero en modo alguno agotan las posibilidades y menos aún definen el óptimo para cada caso.

Comunicar bien en prevención es positivo para la mejora de la seguridad y salud en la empresa, ya que lograremos una definición más afinada en la evaluación de los riesgos y en la concreción de medidas preventivas, mayor grado de aplicación de las mismas, minoraremos el riesgo psicosocial y el clima laboral se verá mejorado. La empresa será más humana y saludable. Pero además, la imagen pública que proyecta nuestra empresa incorporará la prevención de riesgos de sus trabajadores, será distinguida por su buen hacer y su preocupación por este aspecto.

Recientemente, la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) ha publicado Comunicar en la empresa: del porqué al cómo, una guía muy recomendable que ofrece información útil y buenas prácticas sobre cómo mejorar la comunicación en prevención de riesgos laborales.

La inversión pública en prevención de riesgos laborales es necesaria

 

El pasado 11 de abril, se presentó en el Congreso una proposición no de ley que fue aprobada el 26 de abril por la Comisión de Empleo y Seguridad Social. El texto es breve y con una argumentación sencilla: se insta al Gobierno (se entiende que al que se forme tras las elecciones de 26 de junio) a que incremente los recursos presupuestarios para dedicarlos a la Prevención de Riesgos Laborales, poniendo especial énfasis en las causas que los propician y, en la prevención de los siniestros graves y letales. También a incrementar las partidas dedicadas a planes de prevención en los sectores productivos de alto riesgo y por último a incrementar las plantillas de inspectores e inspectoras de trabajo para aproximarlo a la media de la UE. La motivación se refiere al incremento de la siniestralidad laboral y con la reducción de recursos públicos destinados a prevención de riesgos laborales.

Los que nos dedicamos a la seguridad y salud en el trabajo, somos conocedores de ambas realidades, la siniestralidad laboral crece y los recursos públicos destinados a esta cuestión se han visto notablemente mermados desde el comienzo de la crisis. La relación entre ambos fenómenos no es casual, desde mi punto de vista, sino que una cosa trajo la otra o, al menos, la favoreció sensiblemente.

El debate en la Comisión parlamentaria concluyó con la aprobación de la proposición no de ley, pero merece la pena detenerse en el diario de sesiones del Congreso y leer con atención las intervenciones de sus señorías. Me llama la atención y me preocupa a un tiempo la manera de enfocar la seguridad y salud en el trabajo de nuestros representantes, recuperando una dialéctica de confrontación patronos-trabajadores que me ha transportado a las actas de la Comisión de Reformas Sociales, que a finales del XIX recogía los testimonios de obreros e industriales en su intento de dar solución a la llamada «cuestión social» desde la intervención pública.

Unos identifican accidentes con codicia y abuso empresarial, mientras otros exhiben normas aprobadas cuya eficacia es evidentemente insuficiente. Mal vamos.

Si algo nos ha enseñado la evolución de la siniestralidad en los últimos veinte años es que las políticas públicas eficaces son las que se basan en el consenso y la corresponsabilidad de administración y organizaciones de empresarios y trabajadores. El avance fue notable mientras se mantuvo la inversión, del mismo modo que el retroceso es inevitable si se abandonan.

Resulta imprescindible que los gestores políticos crean que la prevención de riesgos es una inversión rentable en términos humanos y económicos. De lo contrario, seguiremos en un marasmo trufado de planteamientos contradictorios que dificulta seguir avanzando y nos devuelve a un pasado al que no queremos regresar.