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Seguridad y salud en el trabajo en campaña

En poco más una semana los españoles tenemos una nueva cita con las urnas. Decidiremos nuestros representantes políticos para un periodo de cuatro años, en los que la economía ha de despegar definitivamente para dejar atrás la crisis y afrontar con garantías de éxito los retos que tenemos todavía pendientes.

La prevención de riesgos laborales tiene una relevancia indiscutible en el ámbito de la competitividad empresarial, siquiera sea porque cada accidente de trabajo o enfermedad profesional puede traducirse en costes para cada empresa y para el sistema. El coste de la no prevención está estudiado y representa una elevada cifra, además de un verdadero atraso en términos sociales y de sufrimiento humano. Cada accidente actualizado que podría haber sido evitado es un fracaso no sólo en el ámbito de la empresa, sino también colectivo, fruto de la incultura preventiva y la desidia.

Debería pues, en mi opinión, un tema de tanta relevancia (hay que tener presente que en 2015 perdieron la vida 567 trabajadores en España), ocupar una posición estacada en la agenda política y ser objeto de debate y propuesta.

Si analiza

mos los programas electorales de los cuatro principales contendientes en lo tocante a prevención de riesgos laborales, la sensación es que, en general, este tema no se sitúa en el topten de las prioridades políticas. Más bien parece tratarse de un ámbito sin naturaleza propia, en el que se plasman algunos de los posicionamientos ideológicos importados del mundo de lo social o sanitario, pero que no entran a mi parecer en los verdaderos y preocupantes retos que enfrentamos en seguridad y salud en el trabajo.

Para el partido todavía en el gobierno, la preocupación estriba en poner en marcha estrategias de seguridad y salud para asegurar la permanencia en activo de las personas de mayor edad, es decir, mantener la capacidad de producir de una población trabajadora crecientemente envejecida. Igualmente hay una mención a la movilidad sostenible.

El hasta ahora principal partido de la oposición se compromete a desarrollar la normativa de salud laboral y crear los dispositivos necesarios en todos los niveles del Sistema Nacional de Salud, contribuyendo así a fortalecer las intervenciones preventivas de detección de riesgos laborales y de promoción de la salud en el lugar de trabajo. Se compromete además a elaborar un Plan con medidas concretas para la integración real de la prevención, fomentando un clima psicosocial beneficioso y luchando contra cualquier tipo de acoso, laboral o sexual. Se fija como objetivo potenciar la integración de la prevención en la empresa y facilitar la existencia de servicios de prevención propios. En una legislatura aspira a que todas las empresas de más de 100 trabajadores tengan integrada la prevención (entiendo que a través de SPP).

Para Ciudadanos la única referencia a la seguridad y salud se encuentra en la intención de establecer medidas para reducir la siniestralidad laboral y los accidentes de la flota.

Unidos Podemos no cuenta con medidas concretas en esta materia, pero las principales formaciones que la integran, Podemos e Izquierda Unida, sí lo hacen en sus respectivos programas.

Podemos hace una propuesta de programas de envejecimiento activo y saludable que incluya actividades en las empresas de dos a tres días por semana (por ejemplo, actividades de bajo impacto o adaptadas, como taichí en el parque, danzas populares o juegos tradicionales).

Izquierda Unida reivindica la participación de los sindicatos efectiva y especialmente cuidadosa en salud laboral, entre otras así como la necesidad de promover la investigación en la materia.

También realiza una propuesta para que la salud laboral quede integrada en el ámbito público, al servicio del trabajador, no del empresario. Igualmente apuesta por introducir la perspectiva de género y clase social en el análisis de riesgos de seguridad, higiene, ergonómicas y psicosociales en salud laboral.

¡Sacad vuestras propias conclusiones!

Prevención de riesgos laborales y multidisciplinariedad

Hace unos días, Emilio Castejón reflexionaba en su blog Entre sin llamar acerca de la nota informativa sobre el ingreso en la escala de seguridad y salud del cuerpo de subinspectores laborales, por el sistema de acceso libre que ha emitido la Dirección General de la ITSS. Según advierte esta nota, no podrán optar a un puesto como subinspector quienes tengan una formación universitaria de letras, aunque posean titulación como técnicos superiores en prevención de riesgos laborales o incluso sean doctores en la materia.

Se trata indudablemente de una restricción que carece de fundamento, más allá de alinearse con el stablishment de los poderosos colegios de ingenieros y de algunas ramas sanitarias, que han hecho valer en más de una ocasión su fuerza e influencia.

Cualquiera que sepa algo de prevención de riesgos laborales será capaz de reconocer que se trata, por naturaleza, de una materia necesariamente multidisciplinar. La etiología de los accidentes y enfermedades que se han de evitar sitúa al trabajador en interacción con una amplia y diversa serie de factores de riesgo que hay que conocer y tratar de someter. Es cierto que cada titulación de base puede proporcionar ventajas a la hora de identificar o proponer soluciones a problemas de seguridad, higiene, ergonomía, psicosociología o medicina del trabajo, de la misma forma que pueden representar un hándicap en otros casos, ya que, por ejemplo, algunas titulaciones ingenieriles resultan del todo ajenas al ámbito de la psicosociología, la medicina del trabajo o la organización de los recursos humanos. Afortunadamente en modo alguno resulta esto un obstáculo insalvable. Tras veinte años experiencia formativa, los másteres que otorgan a quienes superan las preceptivas pruebas la capacitación para el ejercicio de las funciones de nivel superior, validados por las autoridades laborales y universitarias, cumplen con todos los requisitos legales. No se trata de una capacitación sobre el papel. Las muchas horas de formación que hay detrás del diploma proporcionan conocimientos, técnicas, métodos, teóricos y prácticos, para enfrentar la tarea de evitar daños a los trabajadores. Luego habrá egresados brillantes, zotes, mediocres o lúcidos, pero para eso está el proceso de selección, digo yo. Las funciones de nivel superior no tienen límite per se ¿por qué se permite pues esta discrecionalidad?

Más bien parece que admitimos pulpo si se trata de ganar dinero con la formación, pero no si se trata de asignar responsabilidades a titulados de segunda. Un despropósito, sin paliativos.