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El momento de la responsabilidad social en las pymes ha llegado

La responsabilidad social para las empresas es cada vez menos la guinda del pastel y más una forma de hacer que está integrada en la estrategia. Aumenta el número de compañías que son conscientes de los impactos (sobre todo los positivos) que son capaces de generar, que se preocupan por conocer y superar las expectativas de sus grupos de interés e incluso miden e impulsan su contribución a la solución de los retos globales. Se trata sin duda de valores añadidos para una organización, con repercusiones evidentes en la mejora de la competitividad.

Las empresas grandes lo tienen asumido. Un reciente informe de KPMG sobre reporting en sostenibilidad pone de relieve que el 87% de las firmas con mayor facturación en España publica memorias de sostenibilidad, en las que abordan entre otras materias su compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) o la lucha contra el cambio climático. Pero además incluyen información no financiera con capacidad de incidir en los resultados de las compañías, de generar impactos que deben ser conocidos por los accionistas y el resto de partes interesadas. Se da cuenta en estos informes de los mecanismos de transparencia, gobernanza y desempeño ético. Son aspectos esenciales que forman parte de la estrategia y tienen por tanto su correlato en la gestión.

Se constata pues que la responsabilidad social se aleja del rancio enfoque penitencial por el cual la empresa obtiene sus beneficios de la explotación de recursos, medios y personas y asume la obligación moral de devolver una parte de los mismos a la sociedad -quizás para expiar algún pecado inconfesable-.

Hace unos días Larry Fink, presidente y consejero delegado de BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo, confirmaba el valor tangible y estratégico de la responsabilidad social en las empresas en su carta anual a los directivos de las grandes corporaciones. Fink afirma que “Para prosperar a lo largo del tiempo, las compañías deberán no sólo generar rentabilidad financiera, sino también demostrar cómo contribuyen de forma positiva a la sociedad. Las empresas deben beneficiar a todas las partes interesadas, lo que incluye a los accionistas, a los empleados, a los clientes y a las comunidades en las que operan.”

Aboga además por un modelo de gobernanza participativo, apoyado en un diálogo abierto y permanente con los grupos de interés.

La otra parte de la realidad empresarial, la de las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la verdadera esencia de nuestro modelo productivo, se enfrenta a los mismos retos que sus hermanas mayores y aunque en este caso la implantación de la responsabilidad social es menos formal y seguramente menos numerosa, es igual de necesaria en una estrategia de negocio a medio y largo plazo.

Ha llegado el momento de afrontar el reto de incorporar la responsabilidad social a las empresas familiares, a los pequeños negocios, organizaciones modestas en recursos pero que generan la mayor parte de riqueza, empleo y bienestar en nuestra sociedad.

Existen conocimientos, metodologías y profesionales especializados capaces de llevar a cabo una aplicación escalar de los principios de la responsabilidad social a este numerosísimo colectivo. Es posible y necesario integrar de manera efectiva la sostenibilidad en cada pyme, incorporar con éxito los valores y principios que demanda la ciudadanía y mejorar su desempeño ético, económico, social, ambiental o laboral.

Como ante desafíos similares que hemos vivido en el pasado, los organismos internacionales, la comunidad científica, así como los analistas y expertos más reconocidos coinciden en el diagnóstico y también en las recomendaciones. Hay además numerosos ejemplos de éxito empresarial cimentados en comportamientos socialmente responsables, también entre las pequeñas organizaciones y en la provincia de Alicante.

Cada empresa debe reflexionar sobre el papel que juega en la comunidad, el valor de la diversidad, la integración y la igualdad de oportunidades puertas adentro, la relación del negocio con el medio natural y el clima, o cómo aplicar los valores éticos a sus procesos y relaciones.

No se trata de mutar de manera súbita como el simio de Kubrick que empuña el hueso tras recibir la gracia del misterioso monolito, sino trascender la mirada miope que tan solo alcanza los resultados económicos, abrir el foco, ampliar la panorámica, asumir el papel de la empresa dentro de su entorno social y ambiental y alinear sus proyectos con esos objetivos compartidos.