Tu navegador (Internet Explorer 7 o anterior) está obsoleto. Tiene fallas de seguridad y no puede mostrar todas las características de este y otros sitios web. Aprende a actualizar su navegador.

X

Navegar / buscar

Activar los Espacios Naturales Protegidos, reto y necesidad para el turismo

Todos conocemos que el sector turístico español está asentado de forma mayoritaria sobre el binomio sol y playa, dos recursos naturales en los que el territorio peninsular e insular es particularmente rico. Una posición geográfica privilegiada y miles de kilómetros de costa han permitido el desarrollo de una rica y variada oferta alojativa y complementaria que lleva aportando empleo, bienestar y riqueza a millones de familias en los últimos cincuenta años.

Abundan por ello multitud de destinos maduros –que no en declive- que han vivido sucesivas fases de desarrollo bajo exigencias de la demanda distintas y que, en términos generales, han sabido adaptarse a los cambios en los gustos y preferencias de los turistas, lo que permite que se mantengan unos elevados niveles de competitividad frente a una oferta creciente y global.

Destinos emblemáticos como Benidorm mantienen su competitividad gracias a una gestión camaleónica que ha ido proporcionando respuesta puntual a las nuevas necesidades de los flujos turísticos en un proceso de cambio permanente liderado de forma conjunta por la iniciativa privada y pública que ha sabido evolucionar sin abandonar la esencia de su oferta.

Las motivaciones básicas del viaje turístico a nuestros destinos de sol y playa no han variado sustancialmente desde el comienzo del turismo de masas, pero es cierto que la experiencia turística de hace tres décadas poco tiene que ver con la actual. Desde la forma de concebir y organizar el viaje, los medios de transporte, la forma de consumir la playa y el sol, la necesidad y uso de la oferta complementaria, el tipo de estancia o el propio alojamiento han cambiado notablemente para adecuarse a lo que busca el consumidor turístico.

En tiempos no muy lejanos el espacio de consumo quedaba circunscrito al litoral preparado para el baño y disfrute del sol. En cambio ahora la percepción de destino se amplía a la vez que las actividades de ocio se extienden sobre un territorio más vasto. Esto es consecuencia de la búsqueda de autenticidad, actividad, individualidad y calidad que caracterizan al ocio de producción flexible.

De este modo, los espacios naturales protegidos “han pasado de constituir únicamente un elemento más del marco paisajístico en el que se desarrollaba la actividad a efectos de la promoción de los destinos, a convertirse en unos componentes más importantes dentro de la oferta, a partir de los cuales se fundamentan actividades, experiencias y emociones”, tal como afirman Such Climent, M.P., Rodríguez Sánchez, I. y Capdepón Frías, M. en el artículo “Los espacios naturales protegidos en los procesos de reestructuración y renovación de destinos turísticos maduros del litoral español: valoración desde el análisis de experiencias”, dentro del libro “Renovación y reestructuración de destinos turísticos en áreas costeras”, publicado por la Universitat de València y editado por Vera Rebollo. J. F. y Rodríguez Sánchez, I. en 2012.

Para lograr activar turísticamente con éxito los espacios naturales protegidos se deben alcanzar dos objetivos claros: por un lado, lograr que su atractivo sea percibido como tal por sus visitantes y enriquezca la oferta turística local o regional y por otro, las actividades turísticas y de ocio que se lleven a cabo en estos espacios no deben suponer una amenaza para la naturaleza, sino que han de integrarse de forma respetuosa y atendiendo las propias características de los mismos y sin exceder las limitaciones que impone la protección.

El turismo puede contribuir a la conservación de los espacios naturales protegidos, en tanto que tal conservación garantiza la calidad del entorno que disfrutan los turistas. Paralelamente, y esto es más trascendente, la gestión activa de estos espacios, con la puesta en marcha ordenada de actividades turísticas y de ocio, no sólo enriquece la oferta, sino que fortalece la protección, al añadir a la figura legal un valor añadido de sostenibilidad, beneficio social y económico. En gran medida esta activación turística puede contribuir a lograr un el equilibrio entre el uso del territorio y la conservación de los valores naturales del mismo.

En los destinos turísticos de sol y playa la puesta en valor de los espacios naturales protegidos no ha de perseguir, en mi opinión, la creación de un modelo turístico al margen del existente, sino el aprovechamiento de complementariedades y sinergias. El destino tradicional enriquece su oferta con nuevas actividades que tienen soporte en estos espacios y que pueden orientarse a este tipo de turista y además puede atraer nuevos clientes motivados por las actividades de ocio en la naturaleza. La planta hotelera y la oferta complementaria actual tienen capacidad de prestar servicio a nuevos visitantes sin mayores dificultades. Del mismo modo, los alojamientos y servicios especializados en la naturaleza y situados “a pie” de los espacios naturales protegidos tienen en el espacio de consumo litoral tradicional un atractivo diferencial respecto a destinos que tienen en la naturaleza su único punto de interés.

Por tanto, se trata de una oportunidad de renovación de la oferta turística que permite a los destinos maduros mantener su vigencia y que pone de manifiesto que protección de determinados espacios naturales, además de asegurar la conservación de sus ecosistemas, es fuente de bienestar y de futuro para las poblaciones próximas gracias a actividades respetuosas con el patrimonio a proteger.

Por fortuna existen experiencias satisfactorias de convergencia entre turismo y naturaleza en el propio litoral español. De ellas debemos aprender para lograr mejorar la integración del turismo en el territorio y dotar de un dinamismo sostenible a nuestros espacios más valiosos y emblemáticos.

Dejar un comentario

nombre

correo electrónico (no publicado)

sitio web