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Tabarca, futuro sostenible

Nueva Tabarca, como espacio insular, de manera semejante a la pradera de Posidonia oceanica que la rodea, constituye un bioindicador privilegiado que nos da muestra de cuál es el grado de salud de nuestra sociedad en lo que a sostenibilidad se refiere.

Resulta indudable que la actividad humana en la isla está necesariamente vinculada al próximo territorio peninsular, a través de una relación de dependencia en la provisión de determinados recursos (agua, energía, mercaderías, servicios…), así como en la generación de flujos económicos que permitan el sostenimiento de sus habitantes.

En el orden medioambiental, el panorama es semejante. Los valores naturales (terrestres y marinos) de la isla están a la vez asociados a un aprovechamiento humano que ha ido variando con el paso del tiempo y cuya protección es imprescindible para garantizar su pervivencia.

La Historia de Nueva Tabarca desde el establecimiento de población permanente ha estado marcada por una sucesión de decisiones políticas que han ido modelando un baluarte defensivo primero, un enclave pesquero después y por último un núcleo turístico y una reserva marina. Las arrancadas de caballo han llevado a transformar sucesivamente un espacio tan frágil como valioso, mientras que la tozuda realidad ha ralentizado y detenido un proyecto tras otro.  La utopía ha dado paso en ocasiones al hambre, la decadencia y el olvido.

Ahora vivimos un momento de cambio. El último sueño, en consonancia con los tiempos, dio lugar a una Reserva Marina, a una regulación de la actividad turística (mejor diríamos hostelera) y al inicio de la recuperación de su patrimonio arquitectónico. Era un camino acertado, no exento de aspectos perfectibles, pero que, como en otros momentos, se choca ahora con la falta de recursos endógenos suficientes y el abandono por parte de quienes tienen en la mesa muchas necesidades que atender y pocos dineros que repartir.

A diferencia de otros espacios, en Nueva Tabarca, por su fragilidad, el tiempo transcurre muy deprisa para envejecer y muy despacio para construir. La Posidonia oceanica apenas crece un par de centímetros al año, mientras que las construcciones humanas acusan de forma acelerada la acción de los agentes atmosféricos y su exposición al mar y la sal.

Este matraz de sostenibilidad debería mostrar lo avanzado de nuestra sociedad. Me permito resumir lo que creo que es esencial afrontar:

  •  Es necesario profundizar en la figura de protección para proteger mejor nuestro patrimonio natural bajo el agua, pero también en superficie.
  • Hay que regular los flujos de excursionismo, la capacidad de acogida de esta isla no es ilimitada, ni en tierra ni en el mar. Conjugar los intereses económicos, sociales y de preservación del entorno es factible con el adecuado proceso de diálogo y participación.
  • El patrimonio histórico es un valioso medio para el aprendizaje y disfrute. Arquitectura defensiva, religiosa y popular, etnografía, cocina, tradiciones, música, cine o literatura  son un vínculo con nuestro pasado que debe ser el activo de nuestro presente. La inversión pública y privada son necesarias si queremos mantener la identidad y su atractivo.

Bajo el título “Tabarca. Utopía y realidad”, científicos e intelectuales han participado en la redacción de un monográfico publicado en la Revista Canelobre. Es particularmente valioso el esfuerzo por reunir múltiples disciplinas y enfoques, que ponen de relieve el valor que atesora Nueva Tabarca desde cada perspectiva. Esperemos que sea tenido en cuenta por quienes tienen la responsabilidad de decidir.

Comentarios

Samuel Andreu
Respuesta

Buen artículo. Yo también creo que queda mucho por hacer en Tabarca. Desgraciadamente, los intereses económicos cortoplacistas condicionan el futuro de la isla y dificultan la toma de unas decisiones que serían muy polémicas.

¡Un saludo!

admin
Respuesta

Como sabes, las encrucijadas pueden ser momentos de oportunidad. A ver si este es el momento de Tabarca.

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