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Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo

Un año más se celebra este día y en otra ocasión más quedan muchas cosas por hacer. Los avances logrados desde la aparición de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales en España son indudables. Partíamos entonces como los más atrasados de entre nuestros vecinos europeos. Hoy el panorama es bien diferente. El conjunto del Estado puede exhibir unos índices de incidencia comparables a los del resto de países avanzados de nuestro entorno, y en la Comunidad Valenciana y la provincia de Alicante, los números son aún mejores. Ahora bien, el hecho de que hayamos avanzado mucho no ha de significar que ya hemos llegado al final del trayecto o que podemos dejar de preocuparnos por esta materia.

Los hechos no son casuales ni tampoco inmediatos. Hay que recordar que desde que apareció la Ley hasta que se logró comenzar a reducir la siniestralidad transcurrieron cinco años. Nos preguntábamos entonces cuál era la razón para que, si estaban dedicándose muchos más recursos que antes (servicios de prevención, formación, asesoramiento, publicaciones, investigación, medios de protección colectiva e individual….), no viéramos consecuencias tangibles. La solución no era otra que la inercia de un país que asumía el riesgo como normal, la falta de cultura preventiva y de compromiso compartido.

Los resultados tardaron en llegar, sí, pero cuando lo hicieron, demostraron que el camino emprendido era el correcto y que el esfuerzo de todos estaba bien orientado. Se creó la Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales, las normas se fueron perfeccionando, se aprobó la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo y las sucesivas estrategias y planes autonómicos contra la siniestralidad. El engranaje de la prevención se fue afinando y el modelo preventivo ha terminado por asentarse.

La irrupción de la crisis económica ha supuesto la merma del esfuerzo llevado a cabo por parte de las administraciones. La necesidad de ajustar el gasto público está restando instrumentos de apoyo a las empresas y va debilitando el sistema construido para prevenir accidentes laborales y enfermedades profesionales.

Al igual que hace una década, podemos atribuir a la inercia el hecho de que no crezcan aún las cifras de siniestralidad. La cultura preventiva no se adquiere de manera inmediata ni tampoco desaparece súbitamente, pero es indudable que si abandonamos a su suerte a las empresas, los resultados no harán otra cosa sino empeorar.

Por otra parte, las políticas públicas de consenso que tanto éxito han cosechado hasta ahora han de renovarse para no agotarse. Es urgente abordar, a través del diálogo social, un nuevo marco que aporte soluciones y tenga en cuenta la coyuntura actual, para, a través de esfuerzos eficientes, impulsar la seguridad y salud y dar un nuevo salto hacia delante. La Estrategia Española puede ser la oportunidad necesaria.

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