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La tragedia como factor de cambio en RSE. El caso de Dacca

Agencia EFE
Agencia EFE

La catástrofe acaecida hace unos días en Dacca (Bangladesh) nos ha puesto los pelos de punta a más de uno. Un edificio industrial se vino abajo cuando se encontraban dentro miles de  trabajadores.

Las causas en este siniestro son aparentemente claras. El desplome del edificio era más que previsible ante las grietas aparecidas un día antes del colapso. Las autoridades alertaron de la gravedad del hecho y dieron instrucciones de no ocupar el edificio, pero al parecer los propietarios de las fábricas restaron importancia a las advertencias y obligaron a los trabajadores a entrar. La situación se precipitó con la puesta en marcha unos grandes generadores, instalados al margen de cualquier norma, cuyas vibraciones hicieron el resto. El resultado es el conocido, más de 500 personas muertas y un millar de heridos.

Tan lamentable suceso ha sido acompañado en los medios de comunicación con información sobre los clientes para los que trabajaban estas empresas (multinacionales como Primark o El Corte Inglés). La Campaña Ropa Limpia, que desarrolla una red de organizaciones (sindicatos, ONG, consumidores) se ha movilizado para que estas grandes empresas se involucren en la atención a los damnificados y en la búsqueda de oportunidades para los trabajadores supervivientes.

Bangladesh es el país con costes más bajos en la industria textil, lo que se alcanza gracias a salarios bajos y condiciones de seguridad y salud precarias, entre otras cuestiones. Las grandes empresas del sector, no obstante, operan en este país y aplican allí su política de RSE en lo relativo a proveedores, lo que supone el cumplimiento de una serie de estándares impuestos por la multinacional. A la vista está que el control de estas condiciones no ha sido el adecuado, tal vez por la atomización de la cadena de suministro real, llena de eslabones que deterioran las condiciones de trabajo. Una cosa es que la empresa con la que se alcanza el acuerdo acate las normas y otra bien distinta es que los subcontratistas lo hagan de igual forma.

Este desafortunado caso pone de relieve algunas realidades:

·         Los medios puestos al servicio de la RSE por parte de las empresas occidentales no son suficientes. Habrá que llegar a vigilar las condiciones de trabajo de la cadena de suministro como si de la calidad del producto acabada se tratara. El liderazgo obliga a la excelencia no sólo en el expositor de venta, sino también en todo lo que tiene que ver con la ética en los negocios.

·         Este suceso muestra que no sólo es global el mercado, sino también la información y los movimientos sociales, por lo que la demanda sensible que rechaza los abusos sociales, laborales o ambientales puede conocer casi al instante cualquier incidente o acontecimiento.

·         La repercusión para las grandes marchas de este tipo de sucesos es notable, las redes sociales echan humo y muchos consumidores sacan conclusiones extremadamente críticas. La gestión de crisis marcará el impacto de un suceso como este en la imagen pública de cada empresa involucrada. Parece que en esta ocasión la reacción ha sido inmediata, orientada a la reparación del daño y que motivará la revisión de la política de proveedores.

·         Recurrir al dumping social para ser competitivos es pan para hoy y hambre para mañana. La presión social de los consumidores y su decisión de compra acabará desterrando las prácticas abusivas.

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