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Cuando la política de RSE falla estamos en apuros

La sensibilidad sobre la responsabilidad social de las empresas es creciente. Por ello está a la orden del día que a una u otra firma le saquen los colores en los medios de comunicación a consecuencia de fallos en su sistema de responsabilidad social.

Aunque una empresa tenga las miras puestas en la sostenibilidad a medio y largo plazo,  decida regirse por principios éticos, disponga de un plan de RS y lo comparta con sus grupos de interés, pueden tener lugar sucesos imprevistos que obligan a replantearse la validez de su sistema para cumplir con los objetivos previstos.

Cuando pensamos en casos más o menos recientes, como el ocurrido en Brasil a Inditex a cuenta de las precarias condiciones laborales de alguno de sus proveedores en ese país, rápidamente identificamos que la aplicación de su política de RSE tuvo algún error.

Lamentablemente, cuando surge una noticia de esta naturaleza, la opinión pública se apresura a convertir en norma la excepción y a dar por sentado que la empresa (más una multinacional) busca de forma despiadada el máximo rendimiento sin reparar en los medios.

El trabajo llevado a cabo durante años puede desmoronarse en apenas unos días.

Inditex cuenta desde hace más de una década con un Código de Conducta de Fabricantes y Talleres Externos que refleja de manera clara su apuesta por un comportamiento ético respecto a las prácticas laborales. Un equipo de más de 200 personas se encarga de verificar su cumplimiento bajo la dirección del departamento de RSE. Disponen de un código de conducta y de un programa que establece y verifica el cumplimiento de unos requisitos mínimos. Igualmente son parte activa de las organizaciones internacionales más relevantes en la materia.

Parece claro pues que Inditex no aprueba recurrir a la esclavitud para lograr mayores beneficios, más bien lo contrario, pero también salta a la vista que falló un eslabón de la cadena de trazabilidad. Los valores y compromisos de Inditex no estaban claros para alguno de sus grupos de interés y simultáneamente no funcionaron correctamente los mecanismos de control a la hora de evitar tal situación. El procedimiento de homologación de proveedores no resultó lo suficientemente efectivo.

Para Inditex el asunto se saldó con un presupuesto de 1,4 millones de euros (que la compañía destinará a fines sociales) y una pérdida mucho más cuantiosa en términos de imagen a nivel global, pues la noticia dio la vuelta al mundo.

Sin duda la multinacional se ha repuesto sin aparente dificultad a juzgar por los resultados presentados recientemente, pero su expediente queda manchado y la vigilancia a la que es sometida por los diferentes gobiernos y organizaciones de defensa de los derechos de los trabajadores es más escrupulosa desde entonces.

No han tardado en aparecer denuncias similares en otras partes del mundo. Hace unos días ha saltado a los medios la noticia de que las empleadas de talleres que trabajan para Inditex en Marruecos exceden las horas semanales contempladas en el código de conducta de la multinacional y reciben a cambio un salario injusto.

Más allá de compensaciones económicas, la gestión de una crisis de esta naturaleza ha de hacerse exhibiendo la fortaleza de nuestras convicciones y compromisos. A este respecto, sería necesario:

  1. Realizar una exhaustiva investigación que desentrañe el verdadero origen del fallo y las causas que han permitido que empresas colaboradoras de la compañía adopten prácticas laborales tan alejadas de las pretendidas por Inditex.
  2. Elaborar un plan de actuación con las medidas correctoras que eviten la repetición de situaciones como las investigadas y que permitan perfeccionar nuestro sistema de una forma innovadora y decidida.
  3. Exponer este plan a nuestros grupos de interés y acordar con ellos su puesta en marcha y monitorización.
  4. Comunicar nuestro plan de forma transparente para reafirmar nuestra forma de actuar ante la sociedad.
  5. Monitorizar resultados y realimentar el proceso.

No debemos olvidar que la opinión pública retiene lo negativo de nuestra imagen y no es fácil borrar tales huellas. A pesar de que Adidas o Nike estén comprometidas actualmente con la erradicación de trabajo infantil, muchas personas en el mundo siguen creyendo que sus balones de fútbol están fabricados por niños.

Debemos desactivar por completo la idea de que lo que se ve es la punta de un iceberg y sacar a la luz la solidez de nuestro compromiso a pesar de un eventual fallo.

Hemos de ser conscientes de que lo que está en juego es la credibilidad de la compañía a medio plazo. Si asumimos el valor estratégico de la RSE cuando pusimos en marcha nuestro plan, debemos tener claro que el consumidor global es cada vez más exigente respecto al  comportamiento que esperan de sus firmas líderes.

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