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Negocio responsable, negocio rentable

La razón de emprender es, para muchos, la de encontrar un modo de ganarse la vida. Estos nuevos empresarios dedican una inversión económica, de tiempo, esfuerzo y talento a la obtención de una serie de resultados: cumplir una expectativa profesional, retorno de la inversión y percepción a medio plazo de ingresos suficientes y regulares.

Además, el emprendimiento ofrece beneficios adicionales que también aportan notables satisfacciones: poner en práctica unos principios personales y éticos, creación de empleo, contribuir a la economía de la localidad o región, ayudar a mejorar la sociedad y establecer una relación justa con el medio ambiente. Este conjunto de aspectos tienen que ver con la responsabilidad social empresarial y pueden ser consustanciales a la persona que emprende o bien ser adquiridos en un proceso de aprendizaje.

La naturaleza justa de los principios que sustentan la RSE no significa que debamos ser menos ambiciosos o que nuestros beneficios tengan que ser escasos. Lo cierto es que la responsabilidad social de las empresas constituye una potente herramienta de gestión empresarial, también en el orden económico. Persiste en muchas ocasiones la sinécdoque que identifica la acción social con la responsabilidad social empresarial. Parece que ha calado hondo la idea de que la RSE es el departamento de la empresa que se dedica a reparar el daño causado (al medio ambiente o a la sociedad) o a repartir parte de los beneficios de la empresa en atención a los más desfavorecidos.

Indudablemente la filantropía es loable y en tiempos como los actuales es de elogiar que las empresas realicen un esfuerzo económico para atender necesidades sociales o ambientales, pero no es ese el objeto último ni único de la RSE. Podemos afirmar que regir una firma por los principios de la RSE no significa que hayamos de dedicar una partida económica a la beneficencia. De hecho, el que nuestra empresa contribuya a una causa social no quiere decir que nuestra empresa mantenga una actitud responsable con la sociedad o el medio ambiente.

No quiere esto decir que debamos rechazar participar en proyectos sociales hasta no tener correctamente organizada nuestra responsabilidad social, pero como bien se aclara en la norma ISO 26000, “las actividades filantrópicas por sí mismas no consiguen el objetivo de integrar la responsabilidad social en la Organización”. Por tanto, es de desear construir la casa desde los cimientos, y no comenzar con las tejas.

Las actuaciones de nuestra empresa para mejorar el medio ambiente, fomentar la cultura o ayudar a los más desfavorecidos han de ser consecuencia de la política de RSE, coherente con sus principios, conocida y compartida por sus grupos de interés, preferiblemente en línea con la consecución de impactos positivos en la comunidad y sociedad local y también sometida a unos parámetros de sostenibilidad. Es importante concebir esta parte de la RSE como un proceso continuo, con objetivos a medio plazo y que sea expresiva de los valores que queremos difundir.

Para ejemplificar esta idea, resulta idóneo recurrir a un caso. El fabricante automovilístico Volkswagen produce, de forma ineludible (al menos de momento) e indirecta, un impacto negativo sobre el medio ambiente, pues los vehículos que salen de sus factorías emiten cantidades ingentes de CO2 a la atmósfera. Dentro de su RSE, han ideado un programa en el que no sólo se implica la propia multinacional, sino que además es compartido por sus grupos de interés, entre ellos los propios compradores de los automóviles. Se trata de crear bosques Think blue (tres hasta el momento con más de 300.000 árboles plantados), que contribuirán a neutralizar parte de las referidas emisiones conforme crezcan y se consolide la nueva masa forestal.

Un proyecto de esta envergadura alcanza una repercusión ambiental notable, es reconocido por la comunidad, mejora sensiblemente la imagen de marca y está en línea con lo que los consumidores más avanzados esperan de una firma como esta. De hecho, el programa prevé que los propios consumidores se sumen a la iniciativa aportando fondos al proyecto. El beneficio en términos de imagen es tangible y diferencia a la marca de la competencia.

Por el contrario, la dispersión en acciones menores de medio ambiente o de carácter social y la falta de continuidad en los proyectos puede acarrear inconsistencia, falta de coherencia e incluso la indiferencia por parte de nuestros grupos de interés.

Por tanto, y esta es la recomendación para las empresas, planifiquemos debidamente nuestra colaboración en este tipo de proyectos, integrémosla dentro de nuestro negocio y abordemos su seguimiento y continuidad de la misma forma que lo haríamos con cualquier otra inversión.

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Sr WordPress
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