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Por la igualdad

Mucho ha llovido desde que las valientes pioneras de la defensa de los derechos de la mujer se abrieron paso entre la masa excluyente dominante y comenzaron una larga lucha que no ha cesado. A partir de entonces, los derechos civiles de madres, esposas e hijas se han ido conquistando de forma más o menos pacífica y con mayor o menor rapidez. La equiparación legal ha corrido más que la igualdad de facto, pero aunque hay aún un salto entre una y otra realidad, el avance ha sido muy notable.

La legítima aspiración de un mundo en el que hombres y mujeres gocen de igualdad de derechos y oportunidades está cada vez más cerca, a pesar de lo cual existen aún situaciones y hechos que revelan diferencias injustas que es preciso corregir. Ante ello cabe ser vigilante, denunciar la inequidad, acometer medidas incentivadoras y que sensibilicen al conjunto de la sociedad.

En el ámbito de la responsabilidad social empresarial, no cabe lugar para ningún tipo de discriminación a la mujer, ni en el acceso a puestos de trabajo, ni en cuanto a remuneraciones. Tampoco hay amparo a conductas que atenten contra la dignidad o que permitan el acoso.

Esto es sencillo de predicar para cualquier organización, pero un correcto proceder en RSE va más allá. Es preciso que estas normas de conducta queden reflejadas en un código asumido y conocido por todos los integrantes de la empresa y que se lleve a cabo una labor de seguimiento y control del cumplimiento de este compromiso.

En relación con los grupos de interés, puede decirse algo semejante. La empresa responsable ha de ser generadora de igualdad en una doble vía: compartiendo su decisión firme de actuar sin discriminación y al tiempo exigiendo a sus proveedores, colaboradores y otros grupos de interés una conducta irreprochable a este respecto.

Igualmente cabe, dentro de la acción social llevada a cabo por la organización, apoyar iniciativas que favorezcan la integración de la mujer. A este respecto, dos consideraciones clave, en primer término, la acción social es la guinda, no la esencia. No confundamos RSE con filantropía. La segunda, enmascarar la realidad con una buena acción acaba siempre mal.

La coherencia entre lo que predicamos y lo que hacemos es vital. Los diarios están llenos de líderes que acaban reprobados por lo contrario. Construir una buena imagen es lento y costoso, en cambio el descrédito es súbito y difícil de superar si no tenemos detrás un proyecto sólido y fiable.

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