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Turismo sostenible, turista responsable

Va acabando agosto, periodo de descanso por excelencia, y muchos ciudadanos hemos ejercido de turistas durante unos días. Hemos dejado momentáneamente nuestros lugares de residencia habitual y experimentado destinos, alojamientos, oferta de ocio y gastronómica.

Conviene que no perdamos de vista que la actividad turística, tan placentera en lo individual y económicamente esencial para los destinos vacacionales, también es generadora de impactos en el territorio, como cada paso que damos los humanos. La gestión de los espacios turísticos ha de velar por el mantenimiento de los atractivos propios de los mismos, evitar su deterioro, la pérdida de identidad y lograr que sean competitivos sobre la base de sus valores diferenciales, activando los elementos de su patrimonio cultural, natural y etnográfico de forma respetuosa y con las miras puestas en el medio y largo plazo.

Es asimismo esencial que el desarrollo turístico tenga un elemento impulsor endógeno, enraizado en la economía local, capaz de generar empleo y ofrecer a la población autóctona la oportunidad de dejar su impronta en el negocio turístico y contribuir a su diferenciación.

El turismo responsable es la opción sostenible para el negocio, el medio ambiente y las comunidades que acogen a los viajeros. Lógicamente, las recetas difieren en función de las particularidades de cada caso. No puede pensarse que la gestión de los recursos puede guiarse por los mismos parámetros en un punto emergente de la selva boliviana que en un destino urbano consolidado centroeuropeo, pero sí es necesario participar de la misma voluntad de eficiencia y respeto ambiental.

Además de las empresas turísticas, los propios turistas tenemos nuestra parte de responsabilidad. No en vano somos la demanda que trata de saciar la oferta. Sin entrar en quien fue primero, la gallina o el huevo, ahora que no se compran viviendas turísticas, tampoco se construyen. El turismo sexual no existiría sin turistas sexuales. Por fortuna, la exigencia de valores sociales y ambientales a nuestras vacaciones, en mayor o menor grado, se va afianzando entre una creciente demanda. No todo vale y además nos reconforta disfrutar teniendo la certeza de que con ello no contribuimos al deterioro o desaparición de un patrimonio que debe perdurar.

El sector turístico, como los demás, anda enfrascado en salir del bache económico, que reduce los beneficios al mínimo a pesar de que las cifras de visitantes sean buenas. El corto plazo con su urgencia limita iniciativas de turismo sostenible, pero los profesionales son conscientes de que la competitividad futura pasa por aplicar medidas en esa dirección.

Os recomiendo el vademécum del turista responsable, que promueve el Centro Español de Turismo Responsable. Es sencillo, pero contiene algunas claves de cómo nuestro comportamiento en este puede ser positivo para la sostenibilidad de los destinos turísticos.

Comentarios

comunicadora
Respuesta

Te felicito por el post, el enlace que propone es muy interesante. Gracias

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