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Uso del lenguaje igualitario

Suelo ser escéptico respecto a los cambios en nuestra forma de expresarnos impuestos o artificiosos. Por otra parte, los que tenemos unos años hemos visto qué difícil es  gobernar el uso que de la lengua que hacen los hablantes. Recuerdo cómo por tratar de estar al día, la Real Academia acogió vocablos como “guay” o “mogollón” por su uso extendido entre los jóvenes y me da que hoy día son pocos los que lo pasan “guay del Paraguay” (da casi vergüenza por lo demodé de la expresión).

Respecto al lenguaje no sexista admito que no me ha convencido nada la innovación de hacer interminables las frases. P. ej.  “los trabajadores y las trabajadoras” para evitar el masculino genérico “los trabajadores” que incluye ambos sexos. No lo veo práctico y me da la sensación de que decaerá su uso o al menos no se generalizará. No obstante admito que existe un problema de falta de igualdad en el lenguaje. Los hábitos sociales cambian y la lengua ha de reflejar esa transformación para ser inclusiva, no sexista e integradora. En Estados Unidos a nadie se le ocurre emplear la palabra negro para referirse a una persona de piel oscura, pues puede resultar ofensivo para este colectivo. La presencia de esa acepción en el diccionario o la costumbre no son suficientes para justificarlo.

La pasada semana acudí, junto con mis colegas de la mesa de Igualdad de Cruz Roja, a la charla sobre lenguaje igualitario a cargo de Lucía Martínez Odriozola, periodista y profesora de la Universidad del País Vasco. Su estilo muy de Bilbao y su sensatez nos convenció. Transmitió de forma clara la realidad, existe un tratamiento diferenciado en el lenguaje de los medios de comunicación para referirse a hombres y mujeres, lleno de clichés que se repiten y que no contribuyen a normalizar la igualdad en este ámbito.

El avance en esta materia pasa por reconocer la carencia y contribuir desde nuestras responsabilidades a no perpetuar el error. Es fácil desterrar determinados usos excluyentes, del tipo “los empresarios prevén la mejora del empleo”, y sustituirlos por genéricos “el empresariado”, “el colectivo empresarial”, “la representación empresarial”. En otros casos basta con emplear el femenino y evitar masculinos genéricos “la médica recetó un calmante” en lugar de “la médico”. También es interesante no caer en usos absurdamente diferentes para cada sexo: “las chicas de Lucas Mondelo se llevan el Europeo de Baloncesto” “los hombres de Del Bosque no pueden con Brasil”.

Con la que cae no se trata desde luego de un tema que ocupe la agenda de nuestros gobernantes, pero quizás por ello, y gracias a que estos pequeños gestos no tienen coste y sí son efectivos para el cambio, podemos progresar sin la intervención de movimientos políticos que abanderan tendencias, las convierten en símbolos y pueden hacerlas fracasar. Alguna experiencia tenemos al respecto.  

Comentarios

Yolanda Jiménez
Respuesta

Es el esfuerzo continuado en el uso y tratamiento correcto del lenguaje, lo que nos acercará a una igualdad real, como dices, lejos de expresiones electoralistas, vacías de contenido y tan al uso por los políticos que tratan de distraernos con su demagogia absurda. Todo pantalla. No hay más que ver los últimos acontecimientos de agresiones sexuales a mujeres en ambientes lúdicos (La última en las fiestas de San Fermín). Es un claro indicador de la existencia de una parte cavernícola y machista, mantenida quizá con el lenguaje vacio al uso, según las políticas actuales. Pero esto no es más que un ejemplo polarizado de unos intolerantes. Afortunadamente, existen muchos hombres y mujeres, que ponen cuidado cada día en el uso del lenguaje igualitario. Es una forma de educar, una forma de construir. Gracias Arturo por recordarnos la importancia de los detalles.

admin
Respuesta

Razón tienes Yolanda.Un beso

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