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Prevención de riesgos laborales y multidisciplinariedad

Hace unos días, Emilio Castejón reflexionaba en su blog Entre sin llamar acerca de la nota informativa sobre el ingreso en la escala de seguridad y salud del cuerpo de subinspectores laborales, por el sistema de acceso libre que ha emitido la Dirección General de la ITSS. Según advierte esta nota, no podrán optar a un puesto como subinspector quienes tengan una formación universitaria de letras, aunque posean titulación como técnicos superiores en prevención de riesgos laborales o incluso sean doctores en la materia.

Se trata indudablemente de una restricción que carece de fundamento, más allá de alinearse con el stablishment de los poderosos colegios de ingenieros y de algunas ramas sanitarias, que han hecho valer en más de una ocasión su fuerza e influencia.

Cualquiera que sepa algo de prevención de riesgos laborales será capaz de reconocer que se trata, por naturaleza, de una materia necesariamente multidisciplinar. La etiología de los accidentes y enfermedades que se han de evitar sitúa al trabajador en interacción con una amplia y diversa serie de factores de riesgo que hay que conocer y tratar de someter. Es cierto que cada titulación de base puede proporcionar ventajas a la hora de identificar o proponer soluciones a problemas de seguridad, higiene, ergonomía, psicosociología o medicina del trabajo, de la misma forma que pueden representar un hándicap en otros casos, ya que, por ejemplo, algunas titulaciones ingenieriles resultan del todo ajenas al ámbito de la psicosociología, la medicina del trabajo o la organización de los recursos humanos. Afortunadamente en modo alguno resulta esto un obstáculo insalvable. Tras veinte años experiencia formativa, los másteres que otorgan a quienes superan las preceptivas pruebas la capacitación para el ejercicio de las funciones de nivel superior, validados por las autoridades laborales y universitarias, cumplen con todos los requisitos legales. No se trata de una capacitación sobre el papel. Las muchas horas de formación que hay detrás del diploma proporcionan conocimientos, técnicas, métodos, teóricos y prácticos, para enfrentar la tarea de evitar daños a los trabajadores. Luego habrá egresados brillantes, zotes, mediocres o lúcidos, pero para eso está el proceso de selección, digo yo. Las funciones de nivel superior no tienen límite per se ¿por qué se permite pues esta discrecionalidad?

Más bien parece que admitimos pulpo si se trata de ganar dinero con la formación, pero no si se trata de asignar responsabilidades a titulados de segunda. Un despropósito, sin paliativos.

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