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El largo camino de la responsabilidad social

Hace unos días asistí a un foro en el que se hablaba de rentabilidad social y compatibilidad o no con la rentabilidad financiera en las empresas. No se trata de un planteamiento nuevo, más bien es una formulación retórica entre la comunidad empresarial que ocupa posiciones de liderazgo. Ahora bien –y me quedó muy claro-, todavía existe mucho despiste y mucho camino por andar.

El marco era el plenario de Focus Pyme y Emprendimiento, un encuentro de carácter autonómico que en esta ocasión recalaba en Alicante; en la mesa (más bien en las sillas), algún político, algún periodista estrella internacional en diferido, algún economista español de éxito mediático, una líder europea del asociacionismo para el desarrollo regional y un empresario, Adolfo Utor,  presidente de Baleària; moderando, la extraordinaria periodista Lola Torrent.

Por la parte política se ensalzó -hasta el punto de confundir al auditorio- la economía social, el cooperativismo, dando a entender que era casi la única fórmula de responsabilidad social. El protagonista, no obstante, era Adolfo Utor, que mostró, desde una convicción convincente, que la rentabilidad financiera no era el parámetro que describía el éxito de su compañía, sino que debía ir acompañada de la mejora ambiental y social. La responsabilidad social es parte del modelo de negocio, condición sine qua non. Con tanta pasión se expresó, que el economista mediático, en su incredulidad, llegó a plantearse si tan clara postura se mantendría en caso de temblara la cuenta de resultados unos trimestres. Lamentablemente esa es la posición de muchos, creer que es un extra, un no saber qué hacer con el dinero que sobra mientras sobra.

Camino a casa, me traje algunas reflexiones:

  1. Ya es hora de asumir que la rentabilidad, o es sostenible y social, o no es tal. De hecho, una rentabilidad económica que no considere la parte social o ambiental sólo puede denominarse enriquecimiento especulativo. Ya aprendimos que eso tiene efectos muy nocivos para todos.
  2. Si las empresas más potentes en el ámbito internacional y español, además de generar riqueza económica suman también valor ambiental y social, debe ser que es positivo para la compañía. ¿Por qué somos capaces de imitar sus estrategias de marketing y no las de responsabilidad social si lo que queremos es alcanzar sus éxitos?
  3. Ya está bien de identificar responsabilidad social con filantropía o bonhomía. Gastar unos cuartos en hacer una gala benéfica no es malo, pero no tiene (casi) nada que ver con esto. Si contamino el mar y luego hago una donación para paliar el hambre de los pescadores será una broma de mal gusto, no responsabilidad social. Esto ha de estar en la estrategia de cada empresa, no en el corazón del empresario.
  4. Para que esta cuestión llegue a las pymes, hace falta que el empresariado cuente con estructuras y presupuesto que permitan avanzar hacia un modelo económico basado en la sostenibilidad. Es una inversión rentable, pero está fuera del alcance de los pequeños sin el empujón necesario.
  5. El consumidor también debe madurar. Hay que conseguir que se diferencie un producto o servicio de otro por lo que tiene detrás. Compramos mirando sólo el precio, pero luego nos quejamos de que tenemos salarios bajos. Informémonos y pongamos límites.

Mi impresión es que el camino es largo, pero va en la dirección correcta. Lo que no me esperaba después de diez años trabajando en responsabilidad social es que el patio estuviera tan verde. Habrá que seguir predicando.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) también son cosa tuya

El día a día nos hace centrarnos en lo urgente y muchas veces perdemos de vista cuestiones verdaderamente importantes pero que se antojan lejanas o, al menos, demorables ─Primum vivere deinde philosophari─ . Por eso conviene, siquiera sea de vez en cuando, alejarse del suelo y ascender hasta vernos desde arriba, rodeados por nuestro entorno, como piezas del engranaje del que en realidad formamos parte .

Cuando en septiemb

re de 2015 la Cumbre para el Desarrollo Sostenible aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, los medios de comunicación se hicieron eco del hito y por unos días resonó en la sociedad una voz de optimismo y solidaridad. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) habían de poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia y hacer frente al cambio climático. Se trata de un reto importante, global y a largo plazo, nos conmueve y estamos de acuerdo, pero lo percibimos como fuera de nuestro alcance y de nuestro campo de actuación. Nos alegraremos de que se alcancen los ODS y pediremos a nuestros gobernantes que se impliquen en ello.

Efectivamente, nosotros no podemos cambiar el mundo, pero siendo realistas, tampoco lo puede cambiar una gran empresa o un solo Estado. Los ODS son ambiciosos y requieren también nuestra colaboración.

Por fortuna, los principios que son válidos para el desarrollo sostenible a escala mundial también lo son para que nuestro negocio tenga un futuro más esperanzador. Aprovecha la hoja de ruta del planeta para definir la tuya. Si crees que no es urgente preocuparte por la igualdad en tu empresa, o medir y dar a conocer el impacto de tu actividad en el medio ambiente o en la sociedad, hoy estás un paso más alejado de lo que los demás esperan de ti. En cambio, si decides formar parte de la solución y no del problema, estás a tiempo de hacerlo,  de mejorar tu posición social y estratégica.

El proceso no es complejo, aunque sí requiere un poco de dedicación. Para ponerlo más sencillo, es muy útil la guía que han desarrollado el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), UN Global Compact y el Global Reporting Initiative (GRI).

Comunicación para ser más seguros

Es indudable que el factor humano es el más relevante cuando se trata de evitar accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. En el todo que constituye la gestión preventiva, por encima de las condiciones materiales, de los medios de protección colectiva o individual, está la cultura preventiva, la actitud con la que, de forma colectiva e individual, se enfrentan al trabajo diario los empresarios y trabajadores.

Evitar riesgos innecesarios, asumir rutinas que garanticen la seguridad o compartir información para mejorar cada son parte del acervo de una empresa motivada y decidida a lograr un trabajo seguro y saludable.

Alcanzar este objetivo no es tarea sencilla ni inmediata. Llegar a compartir el patrimonio de una empresa con cultura preventiva es fruto de un esfuerzo constante que se alimenta desde todos los escalones jerárquicos y bajo el liderazgo de la dirección. En este largo e inacabable trayecto, resulta imprescindible poner en marcha una eficaz estrategia de comunicación que sea capaz de convertir el compromiso en cultura preventiva. Hacerlo es posible y los resultados son el termómetro que nos indica las bondades de nuestro sistema. Leer más

Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo

Un año más se celebra este día y en otra ocasión más quedan muchas cosas por hacer. Los avances logrados desde la aparición de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales en España son indudables. Partíamos entonces como los más atrasados de entre nuestros vecinos europeos. Hoy el panorama es bien diferente. El conjunto del Estado puede exhibir unos índices de incidencia comparables a los del resto de países avanzados de nuestro entorno, y en la Comunidad Valenciana y la provincia de Alicante, los números son aún mejores. Ahora bien, el hecho de que hayamos avanzado mucho no ha de significar que ya hemos llegado al final del trayecto o que podemos dejar de preocuparnos por esta materia.

Los hechos no son casuales ni tampoco inmediatos. Hay que recordar que desde que apareció la Ley hasta que se logró comenzar a reducir la siniestralidad transcurrieron cinco años. Nos preguntábamos entonces cuál era la razón para que, si estaban dedicándose muchos más recursos que antes (servicios de prevención, formación, asesoramiento, publicaciones, investigación, medios de protección colectiva e individual….), no viéramos consecuencias tangibles. La solución no era otra que la inercia de un país que asumía el riesgo como normal, la falta de cultura preventiva y de compromiso compartido. Leer más

¿Responsabilidad social empresarial obligatoria?

Coincidiremos al afirmar que los valores que defiende la responsabilidad social empresarial son netamente positivos. Se trata de un concepto de desarrollo integral, que deja atrás el mero beneficio económico para comprender además la mejora social y medioambiental. La actividad de la empresa es generadora de empleo, progreso y bienestar en una relación simbiótica con la sociedad y entorno que la acogen.

El planteamiento puede parecer utópico, pero en todo caso abre la puerta a mejorar la relación entre las empresas y la ciudadanía a partir del reconocimiento mutuo más allá de la relación productor-consumidor. El hecho de que las empresas sean responsables de los impactos que generan amplía la perspectiva e invita a ser ambiciosos en expectativas. Leer más

Estrategia Española de Seguridad y Salud 2007-2012, luces y sombras

Tras cinco años de aplicación es momento de hacer balance de la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo. En unos meses concluye la vigencia de la única estrategia que, sobre seguridad y salud, ha tenido España. Llegó en un momento clave, pues la siniestralidad se reducía, pero todos éramos conscientes de que la integración de la prevención en las empresas era mejorable y el recurso sistemático y casi exclusivo a la externalización cerraba con la firma del contrato la puerta a una gestión responsable de la seguridad y salud. Del mismo modo, la organización de los recursos públicos y el papel de los agentes económicos y sociales en la mejora de la gestión preventiva atravesaban un momento de definición y consolidación.